sábado, 29 de diciembre de 2007

Anita

Apareció de repente, la cartera colgada al brazo en un desganado intento de mostrarse despreocupada, abrazada a un montón de fotocopias, una expresión acartonada, vestido y zapatos más que usados. Resopló. No quiso o no pudo sonreir. Se la veía desinflada, pero, por lo que me dijo, no fue así. Me voy, ya no aguanto tanta estrechez mental, física, ecomómica. Me voy.

Me quedé dura. Esas no eran palabras que pudieran salir de ella, siempre niñita buena, correcta y sumisa.

Miré su rostro. No parecía una decisión irreflexiva, más bien todo lo contrario.

¿Qué le había ocurrido? No pude sospechar, en los años que llevaba tratándola una idea semejante. Después de decírmelo su mirada fue arrogante y atrevida ; su resolución la llevaría hasta dónde ya lo había decidido.

En cierta manera me alegré, en cierta manera me precupé.

¿A dónde iría? ¿Cómo viviría?

Yo sabía positivamente que se iba sola, que la idea de otro hombre ni se le pasaba por la cabeza. Era una representante del signo de la fidelidad.

Por supuesto, nada más me dijo, yo ya sabía cómo había vivido hasta ahí.

Le deseé mucha suerte y desde el fondo de mi alma admiré su coraje.

Ella necesitaba aire, alas; quería desarrollar toda esa capacidad con la cual había nacido, y estuvo tantos años postergada. Yo estaba segura de que lo lograría. Además pude intuirlo en esa mirada cargada de matices y de brillos.

Ana me abrazó y no lloró. Caminó despacio y dobló en la esquina.

Yo también caminé lentamente.

Tal vez me escribiría, o alguna llamada...o no. Podría querer dejar todo este escenario completamente en el pasado e iniciar otra historia. Diferentes paisajes, diferentes protagonistas, diferente guión.

Y bueno, Anita lo merecía.

Y yo, por respeto a sus ideales que también eran los míos, debería conformarme.

¡Quién sabe! Puede que alguna vez lea su triunfo en algún lugar.

Me encantaría.

jueves, 27 de diciembre de 2007

El tío Félix

El menor de los hermanos varones de una colección de once se llama así. Hermano de mi mamá, con unos cuantos años encima, jovial, solitario, poeta y payador. Sufrido como pocos, a los 15 quedó plantado en la vida sin padres, con muchos hermanos jóvenes que trabajaban y peleaban a brazo partido para encontrar su lugar en esta bendita tierra. Y ahí nomás se largó solo, observado de reojo. Trabajó en el campo, al que amó y sigue amando con verdadera pasión.
Da gusto escucharlo contar sus anécdotas camperas, donde prioriza los animales, los pájaros, los árboles y el cielo abierto; el mejorar su tarea y cumplir plazos que él mismo se fijaba; la amistad, el honor, la educación. Un gaucho de excepción, porque hacía de su trabajo una ofrenda de agradecimiento a la Vida.
Preparó miles de hectáreas de campo, y en lo suyo (dicho por su patrón, perteneciente a una encumbrada familia) fue el mejor.
Al caer la tarde, exhausto, se tendía en el catre de su casilla, y bajo la luz de un candil, se asombraba y descubría el mundo en revistas y libros que desde la estancia algunas veces le llegaban.
Viste bombachas camperas, camisa, alpargatas, siempre de sombrero con alas pequeñas y cinta de raso. Para la elegancia, traje de saco y chaleco y bombachas plisadas, pañuelito anudado al cuello y zapatos de color negro, bien lustrados.
Lo acompaña su amiga, la camioneta, porque es gaucho pero moderno.
Vive en una construcción tipo loft, que él diseñó y los cobija a ambos.
¿Amores? Se dice que fue muy mirado y buscado por el sexo opuesto. Él tuvo un gran amor, cuando yo era pequeña. Contrariado, porque ella se casó con otro y él no se mostró nunca más con otra mujer. Hasta que ella, ya grande, enviudó. Ahí juntaron sus soledades. Pero duró lo que un sueño. Tal vez su tiempo ya había pasado.
Su vida no trancurre, no, de ningún modo. Él la sigue moldeando como le place, como hizo siempre; escucha opiniones, pero como se ha vuelto sabio de tanto vivir solo, de cara a la inmensidad y a la madre tierra, su criterio prevalece impecable.
Para mí, es un canto de alabanza permanente.
De sus hermanos, viven dos. Pero nunca lloró, ni se lamentó por ello. No por falta de cariño, sino por comprensión del misterio que incluye de igual manera a la vida y a la muerte.
En una rueda de amigos y familiares, para cada palabra relacionada con la vida y con la naturaleza, hace gala de una memoria prodigiosa al recordar décimas y rimas muy extensas, las que pronuncia con prolijos aciertos gestuales.
Me alegra dedicarle estas palabras que nacen desde el afecto, pero también de una gran admiración por su coraje, por su voluntad, por su sabiduría.
De estos casos, seguro hay miles dispersos por el orbe, y es nuestra obligación sacarlos a la luz, como ejemplos de un mundo distinto del que se empeñan en mostrarnos, menos cruel y más humano, más grande y más feliz .

sábado, 22 de diciembre de 2007

N A V I D A D

El nacimiento del Niño Jesús se celebra de diferentes maneras en casi todo el planeta. Es un hecho concreto y unívoco. Es el sustento de las fiestas navideñas. Si no, ¿qué estaríamos celebrando?
Jesús nace cada año, de verdad, no es una evocación de algo que sucedió hace más de dos siglos. Estamos hablando de un Jesús vivo, presente, real. Si no lo tomamos de esta manera, la Navidad se limitaría a recordar ése como cualquier otro suceso de gran impacto, dentro de un contexto histórico universal. Que lo fue, es innegable. Pero hay mucho más: es el nacimiento del hijo de Dios que está con nosotros aquí y ahora hasta el final de los tiempos.
Por eso preparamos el pesebre, desde lo simbólico; el corazón y nuestra alma, desde el amor y desde la fe.
Seguramente lo estás viviendo así.
Pero si no, creeme te estás perdiendo lo esencial.
Como ejemplo grosero, sería como brindar con las copas vacías , como presentar hermosas fuentes adornadas pero sin comida, como enviar tarjetas sin ningún augurio, como sentarnos ante una gran mesa para no hablar ni sonreir.
Jesús está presente en cada hermano que tenemos al lado y no nos simpatiza demasiado, en un gesto de alegría ante una visita inesperada, en saber perdonar un desaire, una interrupción, un olvido; en prestar ayuda; en tolerar al anciano, al niño, al adolescente; en aquél que nos ha ofendido tanto. También en ceder mi tiempo, mis gustos, mis caprichos para que el otro sienta que lo amo. Jesús está siempre. En nosotros está el verlo y oirlo.
No son necesarias demasiadas cosas para bien festejar la Navidad. Hace falta un corazón grande y abierto, una mesa prolija para colocar el pan y el vino, hermanos y hermanas para conversar y reir.
El espíritu navideño surge entonces, porque "donde dos o más estén reunidos en mi nombre", Jesús está presidiendo nuestra mesa.
Ahora sí brindemos por la Vida, por la paz, por nosotros, para que se produzca el nacimiento a una nueva vida fundamentada en el Amor.
Todo depende de vos y de mí, que hacemos el nosotros.
Y el mundo será mejor.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

balance general

Las calles de muchos lugares del mundo viven por estos días una agitación especial. Parece como que se nos terminan los tiempos para comprar, resolver, invitar, viajar, tramitar, cumplir, participar, ordenar, limpiar, visitar, comer, beber, curarnos de algo, ser buenitos y colorín colorado este año se está terminando.
Si uno hace un poco de memoria, el año pasado sucedió lo mismo. Y el anterior y ...
¿Por qué entramos en ese juego estresante y por lo general bastante caro?
Tal vez porque nos gusta.
Tal vez porque nos dejamos llevar por la corriente.
O porque no sabríamos qué otra cosa hacer.
Lo cierto es que nos encontramos a las apuradas con gente que está apurada, nos gastamos física y mentalmente, comemos y bebemos de más, asistimos a reuniones y a eventos que no nos interesan demasiado pero hay que quedar bien, y así sigue una larga lista de "tengo que".
Es una lástima.
Es un precioso tiempo que debiéramos disfrutar a pleno, olvidando tantas exigencias que nos imponemos a nosotros mismos.
Disfrutar es saborear con tranquilidad y en paz diferentes momentos al día.
Sería muy bueno que nos quedáramos más quietos, que escucháramos más y que no prometamos tanto.
Debiéramos preferir al regalo, el abrazo; a las palabras, las sonrisas; a los gestos, los silencios; a las reuniones ruidosas, la amena conversación.
Siempre vale la pena intentar algo nuevo que no nos demande producirnos en demasía, dejar hasta el último suspiro en esfuerzos y empeñado el sueldo próximo.
Que tengas las agallas para hacerlo.
Qué disfrutes mucho.
¡Felicidades!

viernes, 14 de diciembre de 2007

el día gris

Hay momentos en que las cosas, las personas, el estado de ánimo parece estar de acuerdo con el día: gris. Es como si se dispusiera que para alguien hoy no van a existir los colores, las risas, las melodías, los sabores, etc.
Claro que ese alguien se siente muy mal, cree que sencillamente le tocó a él que todo el universo se ponga de espaldas.
Gris, gris y más gris.
Hay dolores, amarguras que afloran, peleas por cualquier motivo, nostalgias. Sí, es evidente, todo sale mal.
Y además es contagioso. Es como un círculo, como que unas cosas generan otras y éstas a su vez se multiplican y retroalimentan a las anteriores y se cae en un hoyo profundo. Pum. Todo está preparado para que te creas enfermo, o neura, o perseguido o discriminado. Y enseguida surge el sentimiento de lástima por uno mismo, la víctima.
Relajate.
Mirate al espejo y forzate a reir, sí a reir de vos mismo.
Encontrate motivos de risa - te aseguro que los encontrás - y reí con más fuerza, con más ganas hasta que aparezcan las primeras lágrimas. Puede que de esas lágrimas de risa pases a las otras, las reales. Dale. Llorá con ganas, tal vez después vuelvas a la risa. Maravilloso. Ya empezás la mejoría.
La niebla comienza a desaparecer, las luces, los brillos, las voces tienen ahora un encanto especial. Te estás dando cuenta de que es la Vida la que está alrededor y dentro de vos.
Lo que te ocurrió, le sucede a muchísimas personas, muchas más de aquellas que se atreven a confesarlo. Son momentos de desequilibrio de algo, que pasado y olvidado, no dejan ninguna secuela.
A veces es bueno que ocurra. Cuando pasa, uno queda con la sensación de haber aprendido una lección importante, de haber crecido, de haber madurado.
Cosas de la vida, que le dicen...¿no?

domingo, 2 de diciembre de 2007

nuestra casa, de fiesta

Suenan los acordes de música clásica, preferentemente - en esta ocasión - de la Mattinata de Leoncavallo,que eleva hasta los espíritus más distraídos.

Desde el frente de la casa, avanzan los colores de las flores que se destacan en el blanco blanquísimo de las paredes.

El cielo tremendamente azul, maravilloso, pleno.

En la casa, brincan los aires navideños: en el comedor cintas y adornos rojos, dorados y verdes y más rojos y más dorados. Me gusta: son tonos vivos que nos hacen recordar que vivimos, que no es poco.
En la sala, el árbol y en la pequeña mesa el pesebre navideño, a la espera, sin el Niño hasta el 24 a la noche.
¡Bendita Nochebuena y bendita Navidad!
Toda la casa reluce, de diferentes maneras. En la cocina, los sabores y los olores, hay que preparar muchas cosas, hay que saborear comidas y bebidas y postres especiales.
También, el pequeño desorden de muchas cosas por acá, algo olvidado por el otro lado, de todo por todas partes y en ninguna.
Salimos al fondo de la casa y nos atropellan los verdes, el sol, las sombras de los árboles, no demasiados, sí suficientes. Los dos jazmines nos embriagan con sus distintos aromas: el que le gusta a N, con un touch de acidez, el que más me gusta, dulcísimo. En el centro, las discutidas pitangas, ahora totalmente rodeadas de finos alambres, que le hacen la vida imposible a algunas especies de pájaros que ya nos disputaron una planta. Se intentaron pactos, al final hubo que hacer concesiones. Pero el Comandante dijo ahora basta, con ésta(planta) gano yo.
La parrilla tiene su encanto durante el estío. Allí yacen con una frecuencia que pone al límite las cotas permitidas a esta edad, diferentes clases de pescados, carnes ovinas, porcinas y preferentemente bovinas, aves y menudencias de faena local.
Nuestra casa se viste de fiesta y nuestros corazones también.
Los acordes suenan ahora con el nuevo trabajo de nuestro coro local, cada vez mejor, como algunas bebidas cuando añejan.
Es una gracia apreciar y disfrutar tantos regalos, de la naturaleza, de los afectos y de nuestros espíritus solazados en este mes de diciembre, del Adviento y de la fe.
¡Qué así sea para toda la humanidad en todos los rincones del planeta!.

viernes, 30 de noviembre de 2007

frente al mar

Frente al mar, frente a Dios...dice una canción y un poco es así. La visión de ese azul salpicado de espuma blanca acerca la idea de lo inconmensurable. Golpea en la orilla una y otra vez, con diferente intensidad, viene para enseguida irse y volver a venir, y así y así desde siempre.

Me gusta la playa cuando está toda para mí, sin gente, o con algunos pocos que no molestan, que también disfrutan mirando las olas, que se atreven con cautela a entrar en el agua fría, que estremece un poco, pero enseguida se convierte en algo refrescante que agrada.

Me siento en la arena y miro tan lejos como puedo, allá donde confunde el horizonte y no se nota dónde es mar y dónde es cielo.

Las gaviotas en su vuelo rasante, tal como las describe en su libro Richard Bach, solas o en compañía, a la pesca.

Lo que incomoda en este paradisíaco paisaje es el ruido constante de los autos, bocinas y demás molestias auditivas. La playa ha perdido su silencio, la privacidad, el encanto de otras épocas; ha ganado(?) en popularidad, y por ella, miles hacen su negocio redondo de temporada.

Me gustaría un poco de distancia, que las ciudades hicieran sus ruidos lejos de las playas, que los autos llegaran cerca, pero no fuesen invasivos.

Es muy caro el precio que se paga: la maravilla se ve mezclada con voces, gritos, anuncios, escapes libres, música(en algunos casos, en otros sólo más ruido) a volúmenes inhumanos; en otra baraúnda, el perro, el niño, los adolescentes, los abuelos, los desperdicios de ellos desperdigados por la arena, todo junto en todas partes. Es el hombre, en definitiva, el que ha estropeado, mutilado, contaminado y enviciado nuestras costas.
¡Lástima!
Tiene solución: hay que tomar conciencia y obrar en consecuencia. Porque de nada sirven las disposiciones si no se cumplen; la naturaleza no es propiedad de nadie en particular. Fue creada para que la disfrutemos todos por igual, pero es imperativo cuidarla con amor como si fuera un niño.
Las responsabilidades y los desperdicios sí son personales, no lo olvidemos.
El mar: inspiración para tantos, oasis de paz veraniega, encuentro para enamorados, lugar de paz y sosiego...aún en esta época de estridencias y múltiples piripipis tendría posibilidad si nos lo proponemos.
Ganaríamos todos.


jueves, 15 de noviembre de 2007

el sol en mi ventana

Hoy es un día radiante. Todo brilla: el pasto, el color de las flores, el cielo azul, la sonrisa de la gente.

Que el sol ilumina, ninguna novedad. La novedad está en descubrir los nuevos rayos, los que se filtran a hurtadillas en algunas personas y logran efectos totalmente desconocidos, hasta para ellos mismos.

Hoy el sol nos saluda quitándose el sombrero.

Nos grita ¡ V I V A N ! ahora es el momento, no dejen para más tarde... puede que no sea.

Cada vez que aparece, nos traspasa esa energía que nos hace sentir bien, saludables, dinámicos, espléndidos y únicos.

Hay algunos que pueden estar en las plazas ¡bendita niñez!, otros por distintos motivos, vagan de un lado a otro por las grandes ciudades; están aquellos que trabajan el campo y allí el esplendor del Rey es inigualable.

También hay personas en altísimos edificios, en oscuras oficinas, que pueden acceder a él solamente a través de la ventana.

Peor es la situación de los que ni se enteran de que ha salido el sol, porque están inundados de penumbras interiores que impiden se cuelen siquiera los más finísimos destellos.

¡Lástima! Ellos no pueden vivir una existencia feliz, les falta la materia prima: el sol.

El alma se ilumina siempre que nosotros queremos hacerlo. Por lo general ocurre cuando nos detenemos ante la naturaleza, cuando nos damos cuenta de su sencillez y su grandiosidad. No hay ser que pueda quedar apático ante un amanecer, ante una puesta de sol, observando un sol que se esconde detrás de una torre de iglesia, o que se lanza y queda atrapado en un girasol de una pequeña terraza y se solaza viendo cómo los pájaros se acercan a picotear sus semillas.
Y para poner acción a mis palabras, ya me suelto de lo que me amarra en este instante y al sol, o sea hacia la vida, hacia el calor.
Que esta idea pueda alcanzar a muchos, a los que tienen el sol en su ventana, como yo, o a aquellos que tienen guardado todavía el último pedacito, del verano que ya pasó.

viernes, 9 de noviembre de 2007

la mesita amarilla

Todos los viernes (aunque puede ser otro día más - según la oportunidad de brindis) Ka va al encuentro de la mesita amarilla.

No es un bar, no es un boliche, no es un pub. Es la mesita amarilla, con personalidad propia, a mi entender.

Es un momento de encuentro, de afloje de la rutina diaria, de comentarios sobre el trabajo o de algún chismecillo que quedó, en otro lugar, inconcluso y que es pertinente desarrollarlo con más amplitud.

La mesita amarilla espera, anhelante y complacida, la llegada de ella.

Ka aparece sonriente, en bici o caminando, con lluvia o sin ella. LLega todo sol en su pelo y con sus consabidos anteojillos.

No tiene pereza para el encuentro, la mayoría de las veces, tras la jornada de trabajo. Y allí están o van apareciendo sus compañeros , por lo general hombres. Los veo de traje, circunspectos, más serios que jocosos.

El vino blanco luce en las copas, por un momento, para desaparecer en las bocas. No hay que esperar nada más que un suspiro y ya están colmadas de buen color y mejor sabor.

La mesita amarilla es como un ícono. Está en el lugar preciso y a la hora señalada.
A veces he pasado y la he mirado de lejos. Se la ve altiva y conservadora.Yo sé que me ha reconocido, porque pasé por allí varias veces, algunas saboreando los Gummi Bärchen de la cercanía. Yo también la miré de reojo, como para que no se las crea.
En realidad, me simpatiza. O más bien me intriga. ¡Sabe tantas historias!
Seguramente también ha recogido cuitas de Ka.
Después de todo, la mesita amarilla cumple una finalidad social. Pero, casi me atrevería a creer que, en más de una ocasión, habrá estirado su mano amarilla para contener una lágrima que se deslizaba silenciosa.
¿No lo creen?
Asómense por la esquina de Strasse y Strasse, en cualquier atardecer estival y después me cuentan...

martes, 6 de noviembre de 2007

mis zapatos azules

Hace muchos años tuve un par de zapatos de ese color, que disfruté hasta que se me gastaron y sólo me quedó el recuerdo de lo que fueron y hasta dónde me llevaron ... por el suelo y a través de mis sueños.


Azul.


El cielo es azul.


Para bien casarse es bueno tener algo azul.


Este color ha evolucionado de adjetivo a sustantivo propio, por ello existe ahora también como nombre de pila.


Este color - uno de los llamados fríos - sugiere lo nostálgico, lo misterioso. Todo cuento fantasioso que se precie de tal, deberá llevar alguna letra pintada en este tono, es decir, habrá que disponerlo en algún lugar.


Particularmente no es de los colores que yo prefiera. Es más, creo que no me favorece. Sin embargo, cada tanto me atrapa. Conciente o inconcientemente, mi mirada se posa en algún objeto, por lo general de vestir, y de inmediato me encuentro pagándolo.


Ejerce en mí una cierta fascinación. Y es cuando me transformo, me dejo envolver por ese halo enigmático y "ella" queda liberada. La atrevida, la intelectual, la elegante, la soñadora, la princesa de sangre azul.


Porque creo en las princesas y en sus universos. Es más: cualquier persona puede acceder a este estado. Sólo ha de saber para qué. No se puede ser princesa sin tener un objetivo claro. Si no se corre el riesgo de ser atrapada por un duende y permanecer por siglos encerrada en algún oscuro rincón.


En estos días necesito serlo, tengo motivos que no te pienso revelar.


Además, existe la posibilidad de encontrar al príncipe azul. Qué está en algún lugar, esperando...


Por supuesto que yo encontré al mío y muy muy azul, tal como yo lo esperaba. Y lo sigo teniendo.


Y te cuento un detalle: cuando apareció en mi vida...yo tenía zapatos azules.


No creo en las casualidades y quizá,vos tampoco.


Así que, cuando estés mirando una vidriera y los descubrís, probátelos. Si a vos te impactan, es una buena señal.

Y quién sabe. Date vuelta.

No, no...para el otro lado es mejor.

¿Ves? Puede ser el que acaba de entrar en tu mirada.
Nada se pierde probando...los zapatos azules.

viernes, 19 de octubre de 2007

Bailando

Bailar...es una de mis pasiones. Bailo siempre que puedo, cada vez que quiero también. Pura herencia. Mis padres, bailarines no profesionales, claro; aficionados, pero de los buenos. Ellos iban a bailar y mi hermano y yo, dormíamos, recostados sobre la mesa, al lado de nuestras botellas de gaseosas. No nos gustaba estar allí, ni queríamos estar solos porque la mayoría de las veces peleábamos. Mamá adoraba el baile, se transportaba; era livianita (a pesar de sus kilitos de más) y graciosa y destilaba alegría. Mi padre, sereno, compuesto, con la pinta de extranjero como se decía acá(era polaco), de sonrisa mansa, cuidados ademanes y los ojos verdes más hermosos hasta que aparecieron en escena los de mi hijo.
Mi hermano, con los años, se volvió un muy buen bailarín de tangos. Lo llaman de las escuelas, cuando algún acto permite esta danza.
Yo bailo...más que con los pies, creo que con el alma, si así se puede decir. No me importan los ritmos (¡ojo!no es que "sepa"bailar todos), me interesa que me llegue. Si una música me trasciende, sale a bailar la que casi siempre permanece escondida. Y soy música, y soy alas, y soy pies y movimientos y caras y manos y júbilo y creación. Baila todo mi cuerpo externo y siento cómo mi cuerpo interno se desplaza, toma pista y se lanza.
Es maravilloso el resultado. Podrías probar.
Hoy a la mañana estaba en eso, cuando sentí que se me aproximaba Frank y con el mayor romanticismo, me abrazaba y bailábamos mirándonos y sonriéndonos. En esa nubosidad, estuvimos juntos varios temas. De pronto, escuchamos una voz un tanto airada, y esa mano que yo conozco tan bien, me tironeaba hasta soltarme del sonriente Frank y me acercaba mucho más hacia sí. Yo lo dejé, me gustaba más y reconocía ese cuerpo que tantos años había danzado conmigo. Y así seguimos, estrechados, sonrientes, enamorados, envolviéndonos en nuestro perfume personal y elevándonos del suelo, sin apartar nuestros ojos, llegábamos hasta las estrellas, donde teníamos todo el lugar para bailar los dos solos, en tanto la luna, cómplice, nos guiñaba y se balanceaba al compás.

jueves, 11 de octubre de 2007

feliz

Hoy tengo 30 años. He jugado y he saltado en la cama y he hablado con el mono y con el oso. Me rei a carcajada limpia, hice la leche, jugué a las escondidas.

A mediodía mi casa se llenó de olores "ricos": milanesas, huevos,papas fritas. Y limpié una boca toda llena de yema, sonriente: "¡ummm!¡qué rico, Omi!" y mi corazón no deja de latir con fuerza y mis labios sonríen, y llamo: "Lu, vamos al baño. Se hace tarde" Y lo repito dos veces y aparece una cara colorada, despeinada, sin pantuflas, llena de risa y ...mirándose los pies: "uuuyyyyy, me las olvidé en la compu" y yo, seria:"te dije que no andes descalza y ¡no te dejo más en la compu!" y "¡mala!", "qué, quééé´"..."vos vas a ver", "¡¿ah sííí?!", "qué que"... Y me enfrenta, estamos cara a cara y me muero de risa, que se desborda por mis ojos y ella, gacela celosa de cada gesto, me capta y ...¡estallamos las dos!, puro risa, carcajadas, abrazos y besos y tropezamos las dos en la escalera y nos reimos más fuerte, hasta que nos sentamos en el primer escalón, exhaustas, sonrientes, los pelos en la boca, enredados...y felices.

En algún momento la llamé Natalia y me miró...¡comprensiva!.

Guachita mimosa, qué hermoso regalo que recibí estos días, de plenitud, mi cabeza liviana, fresca, la casa desordenada, los libros desparramados por todos lados, el "OOOMMMIIIIIIIIIIIIII" resonando por cada rincón de la casa..."¿Dónde estás?","acá, Lu, en la habitación de tu má", y corre y se atropella y pregunta y contesto y el baño y la merienda y el postrecito y los dibujitos y "¿Cuál era El Flautista de Hamelin?" y cuento y leo y repaso y me saluda en inglés y es mi mamá de 4 años y medio...

Es para compartir.

Quien sea abuela, lo habrá vivido; quien no, lo reconocerá en relatos de amigas y seguramente también su corazón se colmará de estrellitas intermitentes con bordes de dulce de leche y luceros de chocolate.

viernes, 28 de septiembre de 2007

De primaveras y de amores

No voy a negar que soy afortunada, mejor dicho muy "regalada" este año. Está empezando "nuestra" primavera y ya viví una mitad - hace unos meses - en Alemania, parte de ella en Berlin, la siempreviva.


En esta época es normal que se llenen las cabecitas de los jóvenes(de cualquier edad, claro) de pajaritos, pajaritas, pájaros diversos y hasta de algunos pajarones. Todo brilla, todo canta, todo enamora. Pío,pío,pío...


Se abren las ventanas de par en par a la renovación de la vida en todo su esplendor, es maravilloso, pero convengamos de que a algunos se les va la mano...entiéndase ésto de la manera que más plazca. El 21 de setiembre tiene para nosotros una significación más que primaveral: a causa de esa renovación, tengo amigas que han aparecido con el pelo verde, otras casi peladas, no falta la del régimen estricto, la que se anotó en dos gym a la vez para hacer en pocos días lo que olvidó durante todo el año, la que dejó al marido - después de muchos años de matrimonio - por ese morocho con cara de "yo no fui" que vive en la otra cuadra, la que volvió a las minifaldas, la que tiene un humor maravilloso, la que empezó a pintar la casa, la que renueva algo, la que aprieta el acelerador y pone el volumen para que se escuche a 50 km., la que escribe poemas, la que se embarazó y no sabe cómo ocurrió(¿?), etc. Yo estoy entre estas opciones, sólo habría que descubrirlo, pero a quién le importaría...Pareciera que hoy día nadie se importa por nadie, o al menos, cree. Porque también en esta época se produce la renovación de chismes, del más variado pelaje. Y esto, sumado a la inclusión de los desajustes a los que suele llevar el verano - sobre todo en las playas - permite a algunos círculos de amistades, tener"agenda" para rato.


De todas maneras, la primavera como llega, se va pero siempre deja huellas con su paso, en lo que respecta a la renovación, digo.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Dante y yo

Dante y yo parece el capítulo de una novela, o el comienzo de una invitación o cualquier otra cosa.
Pero NO : me estoy refiriendo al creador de ese monstruo que es la DIVINA COMEDIA. Cuidado, digo monstruo en cuanto a lo extenso y complejo del poema. Y porque además es una obra de la Edad Media, y porque me metí en ese mundo y en su vida y estoy realmente fascinada. Pero esa fascinación no proviene de que esté enamorada de la época, ni siquiera de él. Me sacude interiormente que pueda conectarme así con una obra de catorce siglos y, a través de ella, con quien levantó, piedra por piedra, ese monumento literario.
Yo escribo también, y a su lado, con los siglos de conocimiento que él poseía, claro, soy una hormiga. No importa: yo puedo establecer ese increíble contacto leyendo, imaginando, soñando, hablando entre letras y palabras. Es una verdadera gracia el poder leer y, más aún, disfrutar de la lectura y conectarme con el universo entero. ¡Tanto tiempo se pierde en otras cosas! El que todavía no descubrió esta encantadora y sana manía, no puede entenderlo. O creerá que exagero. O que se me secó el seso, como decía Cervantes- otro de los grandes de la literatura.
Pasión por la lectura. Esto es sentir que los libros son también nuestros fieles amigos, porque nos acompañan a toda hora, en todo lugar y en toda circunstancia. Podés dejarlos un rato, para que descansen, pero volvés a su lado en cuanto tenés otro ratito. Te ayudan a vivir, son un consuelo, te relacionan, y, sobre todo abren la mente, la limpian y la nutren.
Dante, la Divina y su época, una maravillosa conjunción, que me hace apreciar un mundo desconocido y, humanamente, me permite crecer un poco más .

lunes, 17 de septiembre de 2007

Llueve

Sí, con ganas. Me gusta la lluvia, aunque sea durante varios días. La lluvia argentina, distinta de la berlinesa. Ésta tiene casi siempre un mismo esquema: a cualquier hora, te cae una llovizna o algo más, que te moja o te pone de mal humor o te vuelve algo romántico.

La nuestra se descarga como con apuro, o con bronca, o las dos cosas a la vez. Es mayormente previsible y refresca casi de inmediato el ambiente. Y después te queda esa linda sensación del verde renovado en los árboles, del color vívido en las flores, de los aromas más limpios.

¿Qué en todos lados es igual? Puede ser que sí, sólo que me gusta descubrirlo acá, en esta casi primavera, en un par de días más.
Lueve, moja, acelera. Pero después corrés, te cambiás y ya está. Te olvidaste del chaparrón, que sirvió para que tus zapatos perdieran media suela. Y ahora tenés la excusa de comprarte otros. Y... ésos ya tenían su batida...
Estoy hablando bastante de este fenómeno. Y bueno, es lo que más he padecido y disfrutado en los últimos meses. Con un gran privilegio: en Berlín por más de veinte días, acá por una semana.
Llueve. Me acuerdo de mi mamá. Caían tres gotas y ya estaba armando las tortas fritas. Una delicia criolla que los berlineses se pierden.

Lueve y yo quiero ir a mi cama, calentita, la sábana y el acolchado hasta la nariz. Y el ruido de la lluvia sobre el techo de policarbonato en el jardín de invierno.

Llueve. Los espíritus se aquietan. El mío se hace un ovillo y se deja acunar con esta divina melodía.

lunes, 27 de agosto de 2007

45 días en Berlín

Entre los meses de junio y julio, tuvimos nuestra residencia en la inigualable Berlín, en la Jansastrasse. Nuestro circunstancial departamento era agogedor aunque un tanto fresco, pero sólo estábamos en él un rato por las noches, antes de acostarnos. La casa antigua, no ofrecía un aspecto demasiado optimista, ni desde afuera ni en el Hof. Sin embargo, sus dueños nos brindaron cordialidad y simpatía, y esto amainó suficientemente la apariencia del lugar.
Por las mañanas, generalmente,luego de un abundante desayuno, salíamos a descubrir la ciudad, sus gentes, sus colores, sus sabores. Si bien para la hora del Mittagessen estábamos alejados de nuestro barrio, para la hora de la cena gustábamos ir al Güney, atendido por una familia turca, donde saboreábamos el clásico Döner Kebap. Riquísimo. A nosotros nos parecía una comida saludable, cuando deseábamos escapar de la cremas o carnes de cerdo, que en diferentes opciones ofrece la cocina alemana. Ojo, también deliciosa.
Así es que, una vez por semana, aparecíamos por ese "comedero" situado en la esquina de Sonnenallee y Reuterstrasse.
Al salir de allí, recorríamos las dos cuadras hasta nuestra Wohnung contentos y todavía algo incrédulos por la experiencia que estábamos viviendo.
Por lo general, nos acompañaba la invitada de piedra: la lluvia, la mansa lluvia que no sólo formó parte del escenario cotidiano, sino que colmó en muchas ocasiones, nuestro adormecido romanticismo.

sábado, 25 de agosto de 2007

Estoy en casa

Sí, de vuelta al pago, como se dice. Cansada...pero feliz. El vuelo lindísimo, cómoda como viajero en clase turista, que vengo a ser yo. Escala técnica en San Pablo, donde etiquetan tu asiento mientras pasa el personal de limpieza arrasando en quince minutos lo que puede y como puede de todos los desperdicios que dejaron los que ahí arribaron a su destino. Y vos contemplás, incrédulo, mientras te vas corriendo de un lado para otro, a pedido del desaforado personal que no tiene tiempo ni de mirar lo que va haciendo. ¡Ah! en tanto afuera, se recarga el combustible, la comida y se organizan los equipajes, en fin.
En Ezeiza sumamos besos y abrazos. Brrrrrrmmmmm, una horita más de viaje y finalmente, hogar dulce hogar, helado, un tornillo de aquellos, tres meses solito.
O sea, para resumirte: desde que salimos de Mannheim hasta que llegamos a mi pueblo, pasaron la friolera de 20 horitas, una pavada.
Claro, tal vez pido demasiado, viajar y llegar rápido. Hum...no sé si es eso o la sensación de que con un poco más de organización y esmero, por parte de quienes te cobran el pasaje, estaríamos más conformes.
En otra sigo, pero con un relato sobre mi estadía en Alemania, o no, según mi ánimo.

jueves, 9 de agosto de 2007

Volviendo

Estoy a punto de regresar a mi país, después de pasar 90 dias en Alemania, visitando parientes, otros parientes, amigos, recorriendo ciudades, museos, plazas, algunas cervecerías. He caminado mucho, me reí, miré vidrieras, compré algo, vi cosas hermosas, otras no tan lindas. Descubrí caras y caritas y otras que no lo parecían. Muchas y variadas vestimentas. Diferentes voces. El canto de los pájaros. Los silencios y los ruidos, sobre todo, las sirenas de bomberos. Puedo decir, homenajeando a muchos, que he vivido. Sobre todo que he vivido una experiencia más, tal vez más larga, no necesariamente la mejor. Pienso rumiar sobre esto,contar alguna maravilla, tal vez un montón de pavadas...siempre digo que es importante hacer algo, puede que a alguien le sirva, no?