viernes, 28 de septiembre de 2007

De primaveras y de amores

No voy a negar que soy afortunada, mejor dicho muy "regalada" este año. Está empezando "nuestra" primavera y ya viví una mitad - hace unos meses - en Alemania, parte de ella en Berlin, la siempreviva.


En esta época es normal que se llenen las cabecitas de los jóvenes(de cualquier edad, claro) de pajaritos, pajaritas, pájaros diversos y hasta de algunos pajarones. Todo brilla, todo canta, todo enamora. Pío,pío,pío...


Se abren las ventanas de par en par a la renovación de la vida en todo su esplendor, es maravilloso, pero convengamos de que a algunos se les va la mano...entiéndase ésto de la manera que más plazca. El 21 de setiembre tiene para nosotros una significación más que primaveral: a causa de esa renovación, tengo amigas que han aparecido con el pelo verde, otras casi peladas, no falta la del régimen estricto, la que se anotó en dos gym a la vez para hacer en pocos días lo que olvidó durante todo el año, la que dejó al marido - después de muchos años de matrimonio - por ese morocho con cara de "yo no fui" que vive en la otra cuadra, la que volvió a las minifaldas, la que tiene un humor maravilloso, la que empezó a pintar la casa, la que renueva algo, la que aprieta el acelerador y pone el volumen para que se escuche a 50 km., la que escribe poemas, la que se embarazó y no sabe cómo ocurrió(¿?), etc. Yo estoy entre estas opciones, sólo habría que descubrirlo, pero a quién le importaría...Pareciera que hoy día nadie se importa por nadie, o al menos, cree. Porque también en esta época se produce la renovación de chismes, del más variado pelaje. Y esto, sumado a la inclusión de los desajustes a los que suele llevar el verano - sobre todo en las playas - permite a algunos círculos de amistades, tener"agenda" para rato.


De todas maneras, la primavera como llega, se va pero siempre deja huellas con su paso, en lo que respecta a la renovación, digo.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Dante y yo

Dante y yo parece el capítulo de una novela, o el comienzo de una invitación o cualquier otra cosa.
Pero NO : me estoy refiriendo al creador de ese monstruo que es la DIVINA COMEDIA. Cuidado, digo monstruo en cuanto a lo extenso y complejo del poema. Y porque además es una obra de la Edad Media, y porque me metí en ese mundo y en su vida y estoy realmente fascinada. Pero esa fascinación no proviene de que esté enamorada de la época, ni siquiera de él. Me sacude interiormente que pueda conectarme así con una obra de catorce siglos y, a través de ella, con quien levantó, piedra por piedra, ese monumento literario.
Yo escribo también, y a su lado, con los siglos de conocimiento que él poseía, claro, soy una hormiga. No importa: yo puedo establecer ese increíble contacto leyendo, imaginando, soñando, hablando entre letras y palabras. Es una verdadera gracia el poder leer y, más aún, disfrutar de la lectura y conectarme con el universo entero. ¡Tanto tiempo se pierde en otras cosas! El que todavía no descubrió esta encantadora y sana manía, no puede entenderlo. O creerá que exagero. O que se me secó el seso, como decía Cervantes- otro de los grandes de la literatura.
Pasión por la lectura. Esto es sentir que los libros son también nuestros fieles amigos, porque nos acompañan a toda hora, en todo lugar y en toda circunstancia. Podés dejarlos un rato, para que descansen, pero volvés a su lado en cuanto tenés otro ratito. Te ayudan a vivir, son un consuelo, te relacionan, y, sobre todo abren la mente, la limpian y la nutren.
Dante, la Divina y su época, una maravillosa conjunción, que me hace apreciar un mundo desconocido y, humanamente, me permite crecer un poco más .

lunes, 17 de septiembre de 2007

Llueve

Sí, con ganas. Me gusta la lluvia, aunque sea durante varios días. La lluvia argentina, distinta de la berlinesa. Ésta tiene casi siempre un mismo esquema: a cualquier hora, te cae una llovizna o algo más, que te moja o te pone de mal humor o te vuelve algo romántico.

La nuestra se descarga como con apuro, o con bronca, o las dos cosas a la vez. Es mayormente previsible y refresca casi de inmediato el ambiente. Y después te queda esa linda sensación del verde renovado en los árboles, del color vívido en las flores, de los aromas más limpios.

¿Qué en todos lados es igual? Puede ser que sí, sólo que me gusta descubrirlo acá, en esta casi primavera, en un par de días más.
Lueve, moja, acelera. Pero después corrés, te cambiás y ya está. Te olvidaste del chaparrón, que sirvió para que tus zapatos perdieran media suela. Y ahora tenés la excusa de comprarte otros. Y... ésos ya tenían su batida...
Estoy hablando bastante de este fenómeno. Y bueno, es lo que más he padecido y disfrutado en los últimos meses. Con un gran privilegio: en Berlín por más de veinte días, acá por una semana.
Llueve. Me acuerdo de mi mamá. Caían tres gotas y ya estaba armando las tortas fritas. Una delicia criolla que los berlineses se pierden.

Lueve y yo quiero ir a mi cama, calentita, la sábana y el acolchado hasta la nariz. Y el ruido de la lluvia sobre el techo de policarbonato en el jardín de invierno.

Llueve. Los espíritus se aquietan. El mío se hace un ovillo y se deja acunar con esta divina melodía.