lunes, 27 de agosto de 2007

45 días en Berlín

Entre los meses de junio y julio, tuvimos nuestra residencia en la inigualable Berlín, en la Jansastrasse. Nuestro circunstancial departamento era agogedor aunque un tanto fresco, pero sólo estábamos en él un rato por las noches, antes de acostarnos. La casa antigua, no ofrecía un aspecto demasiado optimista, ni desde afuera ni en el Hof. Sin embargo, sus dueños nos brindaron cordialidad y simpatía, y esto amainó suficientemente la apariencia del lugar.
Por las mañanas, generalmente,luego de un abundante desayuno, salíamos a descubrir la ciudad, sus gentes, sus colores, sus sabores. Si bien para la hora del Mittagessen estábamos alejados de nuestro barrio, para la hora de la cena gustábamos ir al Güney, atendido por una familia turca, donde saboreábamos el clásico Döner Kebap. Riquísimo. A nosotros nos parecía una comida saludable, cuando deseábamos escapar de la cremas o carnes de cerdo, que en diferentes opciones ofrece la cocina alemana. Ojo, también deliciosa.
Así es que, una vez por semana, aparecíamos por ese "comedero" situado en la esquina de Sonnenallee y Reuterstrasse.
Al salir de allí, recorríamos las dos cuadras hasta nuestra Wohnung contentos y todavía algo incrédulos por la experiencia que estábamos viviendo.
Por lo general, nos acompañaba la invitada de piedra: la lluvia, la mansa lluvia que no sólo formó parte del escenario cotidiano, sino que colmó en muchas ocasiones, nuestro adormecido romanticismo.

sábado, 25 de agosto de 2007

Estoy en casa

Sí, de vuelta al pago, como se dice. Cansada...pero feliz. El vuelo lindísimo, cómoda como viajero en clase turista, que vengo a ser yo. Escala técnica en San Pablo, donde etiquetan tu asiento mientras pasa el personal de limpieza arrasando en quince minutos lo que puede y como puede de todos los desperdicios que dejaron los que ahí arribaron a su destino. Y vos contemplás, incrédulo, mientras te vas corriendo de un lado para otro, a pedido del desaforado personal que no tiene tiempo ni de mirar lo que va haciendo. ¡Ah! en tanto afuera, se recarga el combustible, la comida y se organizan los equipajes, en fin.
En Ezeiza sumamos besos y abrazos. Brrrrrrmmmmm, una horita más de viaje y finalmente, hogar dulce hogar, helado, un tornillo de aquellos, tres meses solito.
O sea, para resumirte: desde que salimos de Mannheim hasta que llegamos a mi pueblo, pasaron la friolera de 20 horitas, una pavada.
Claro, tal vez pido demasiado, viajar y llegar rápido. Hum...no sé si es eso o la sensación de que con un poco más de organización y esmero, por parte de quienes te cobran el pasaje, estaríamos más conformes.
En otra sigo, pero con un relato sobre mi estadía en Alemania, o no, según mi ánimo.

jueves, 9 de agosto de 2007

Volviendo

Estoy a punto de regresar a mi país, después de pasar 90 dias en Alemania, visitando parientes, otros parientes, amigos, recorriendo ciudades, museos, plazas, algunas cervecerías. He caminado mucho, me reí, miré vidrieras, compré algo, vi cosas hermosas, otras no tan lindas. Descubrí caras y caritas y otras que no lo parecían. Muchas y variadas vestimentas. Diferentes voces. El canto de los pájaros. Los silencios y los ruidos, sobre todo, las sirenas de bomberos. Puedo decir, homenajeando a muchos, que he vivido. Sobre todo que he vivido una experiencia más, tal vez más larga, no necesariamente la mejor. Pienso rumiar sobre esto,contar alguna maravilla, tal vez un montón de pavadas...siempre digo que es importante hacer algo, puede que a alguien le sirva, no?